Se preve un crecimiento sin precedentes de los dispositivos que monitorizarán nuestra salud, nuestras actividades cotidianas, los que podrán controlar de forma remota las casas en las que vivimos o los que permitan una gestión inteligente de los principales recursos.
En 2008 el número de los dispositivos conectados al internet superaron la población global y han crecido mucho más rápido que nosotros. Había 13.000 millones dispositivos conectados al Internet en 2013, según Cisco, y habrá 50.000 millones en 2020. Estos incluirán teléfonos, chips, sensores, implantes, dispositivos, que ni siquiera hemos concebido hasta el momento.
La evolución del Internet de las cosas se producirá con certitud, aunque las opiniones se han dividido entre los que piensan que sus efectos serán beneficiosos y los que no. La minoría que ha discrepado se ha limitado a pronosticar una imagen mezclada donde los avances de la tecnología estarán acompañados por complicaciones inevitables como por ejemplo el problema de la privacidad. Los que admiten el lado positivo prevén que cada cosa se convertirá en un nudo dentro de una red cuyo efecto será el de reducir el gasto mientras que los datos precisos ayudarán a eliminar errores. Dentro de diez años el Internet de las cosas estará representado por dispositivos que desaparecerán en lo que llevamos puesto y podrán interconectarse con otros.
En 2008 el número de los dispositivos conectados al internet superaron la población global y han crecido mucho más rápido que nosotros. Había 13.000 millones dispositivos conectados al Internet en 2013, según Cisco, y habrá 50.000 millones en 2020. Estos incluirán teléfonos, chips, sensores, implantes, dispositivos, que ni siquiera hemos concebido hasta el momento.
La evolución del Internet de las cosas se producirá con certitud, aunque las opiniones se han dividido entre los que piensan que sus efectos serán beneficiosos y los que no. La minoría que ha discrepado se ha limitado a pronosticar una imagen mezclada donde los avances de la tecnología estarán acompañados por complicaciones inevitables como por ejemplo el problema de la privacidad. Los que admiten el lado positivo prevén que cada cosa se convertirá en un nudo dentro de una red cuyo efecto será el de reducir el gasto mientras que los datos precisos ayudarán a eliminar errores. Dentro de diez años el Internet de las cosas estará representado por dispositivos que desaparecerán en lo que llevamos puesto y podrán interconectarse con otros.
“Viviremos en un mundo donde muchas cosas no funcionarán y nadie sabrá solucionarlo”
La complejidad de la red interconectada del Internet de las cosas será la principal causa de la falta de control de su evolución. Las previsiones de los expertos en tecnología anticipan una brecha imposible de superar entre los que se sentirán oprimidos por la excesiva vigilancia típica de una sociedad interconectada y los que usarán estas técnicas en su propio beneficio.
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